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¿Cómo es un día normal en un lycée en Francia?

7:30 de la mañana. Sales de casa, haces una parada en la boulangerie de la esquina, coges un cruasán para el camino y hala, al lycée. Vas en autobús, en bici o simplemente cruzas un par de calles a pie… Sea como sea, tienes por delante un día normal de clase en tu estancia de estudios de secundaria en Francia.

Y ahí está la gracia. Estudiar en el extranjero no significa que cada jornada vaya a ser una aventura extraordinaria. Habrá, sobre todo, clases (y actividades, y vida en familia y con los amigos, claro). Pero vivir todo eso en otro idioma y dentro de otro entorno educativo hace que hasta lo cotidiano sea una experiencia especial.

Aparte, no todos los lycées (por si no lo sabes, es donde se imparte la secundaria superior, nuestro Bachillerato; la ESO, en el collège) son iguales: horarios, clases y demás pueden variar según el centro y el curso. Pero eso es lo de menos, porque no vamos a explicarte cómo funciona la secundaria francesa; ¡vamos a acompañarte a lo largo de un día típico allí!

8:00 — Bonjour, lycée

Las primeras clases suelen arrancar entre las ocho y las ocho y media (aunque el horario concreto depende del centro). Así que la mañana empieza pronto, sea con un trayecto en transporte público con otros estudiantes o, en localidades más pequeñas, con un paseo corto entre caras conocidas.

Sea como sea, llegas, localizas tu aula, saludas a tus compañeros y empieza la jornada. Y sí: conviene llegar a tiempo. El timbre no espera por nadie.

8:30 — Primera clase: francés a toda velocidad

Matemáticas, historia, ciencias… El día puede empezar con cualquier asignatura, dependiendo de tu horario. En ese sentido la clase no es muy distinta a la de tu instituto en España. Hay un profesor, compañeros, apuntes, ejercicios, preguntas…

Lo que cambia es el contexto: las explicaciones son en francés y tienes que acostumbrarte a seguir una clase en una lengua que no es la tuya. Al principio puede resultar extraño, y difícil de seguir, pero pronto descubres que no necesitas entender absolutamente todo; el contexto, los apuntes, los compañeros y la práctica diaria hacen mucho.

Además, participar en clase forma parte de la experiencia. Preguntar, responder, dar tu opinión o intervenir en una actividad son situaciones normales y una oportunidad estupenda para ir perdiendo el miedo al idioma. Porque una cosa es estudiar francés y otra muy distinta vivir en francés.

10:30 — Una pausa para respirar

Después de un par de clases, toca desconectar un poco. A las 10, ¿tan pronto? Sí, pero apenas unos 15 minutos… Lo justo para estirar las piernas, comentar el examen de la semana que viene o simplemente despejarte antes de volver al aula.

Y aunque parezca poca cosa, estos momentos son importantes. El aprendizaje no está solo en el aula; también en toda la parte social, y ese momento en que dejas de traducir mentalmente cada frase que escuchas.

Lycee_Rennes

Photo by David Monniaux at Wikipedia]

12:00–14:00 — À table!

Uno de los grandes momentos del día: la comida. En la mayoría de lycées hay comedor. La organización depende del centro, pero el comedor forma parte habitual de la vida escolar francesa; otro momento y espacio para descansar y relacionarse con los demás.

Te sientas con tus amigos, comentas lo que ha pasado durante la mañana y, de paso, comes lo mismo que los locales. Quizá haya algo en el menú que no habías probado antes; quizá acabes echando de menos la comida de casa. Y mientras, sigues haciendo lo que has venido a hacer: vivir como un estudiante más.

Además, es uno de esos momentos en los que las situaciones se vuelven más espontáneas. No hay ejercicios o respuestas correctas, solo conversaciones, bromas, planes para la tarde y un vocabulario que no suele aparecer en los libros.

14:00 — Y después de comer…

Sí, toca volver a clase. Pero la tarde puede tener otro ritmo. Entre otras cosas, suele haber más horas de permanence (conocidas como trous o “agujeros”); son horas de trabajo o estudio por tu cuenta en la biblioteca o la sala de estudio.

El horario depende también del curso y de las opciones que haya elegido cada estudiante. Y las clases pueden ser más de escuchar y tomar apuntes o más participativas, de trabajar de forma autónoma. No es que el sistema sea «más difícil» que el español: es, simplemente, cuestión de costumbres.

16:30 — Última hora, ¡y todavía queda día!

La jornada puede terminar a media tarde o llegar hasta las seis. Pero cuando suena el último timbre, guardas apuntes y sales, viene una parte del día que no aparece en el horario… ¿Vuelves a casa con tus compañeros? ¿Tienes entrenamiento? ¿O has quedado con alguien para dar una vuelta por el centre ville?

Aquí es cuando la experiencia adquiere todo su sentido. Tras unas semanas, cuando no tienes que pensar cómo llegar al instituto, conoces a los profes, tienes tus sitios para comer y tus amigos para quedar y tus actividades favoritas con tu familia anfitriona… El día sigue siendo un día normal. Solo que ahora es tu día normal viviendo y estudiando en Francia.

¿Y los miércoles?

Hay una pequeña particularidad que puede llamar la atención a un estudiante español: el miércoles puede tener una jornada más corta que el resto de la semana. Permite disponer de más tiempo para deporte, actividades extraescolares (que también se concentran en los sábados por la mañana), amigos o simplemente descansar. ¡Y también sirve para recordar que estudiar en Francia no consiste únicamente en pasar horas dentro de un aula!

¿Te imaginas haciendo de este día tu rutina durante un curso?

Una experiencia internacional no consiste en que todos los días sean extraordinarios. Lo extraordinario es que una vida diferente se convierta en tu vida normal. En iEduex podemos ayudarte a descubrir cómo es estudiar en Francia y a preparar tu experiencia para disfrutarla desde el primer día.