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¿Qué soft skills se desarrollan al estudiar en el extranjero?

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Cuando se toma la decisión de estudiar en el extranjero, sea en el destino que sea y dure lo que dure la estancia, solemos tener en mente objetivos variopintos. Algunos son racionalmente pragmáticos, como el de mejorar el currículum, y otros deliciosamente vagos, como aquello de “vivir una aventura”; y, la verdad, no sabríamos decir cuál es más importante…

Pero una cosa es lo que queremos y otra lo que conseguimos; y en este caso, por fortuna, conseguimos mucho más de lo que queremos. Y lo paradójico es que a veces no nos damos ni cuenta. Ahí, en alguna parte entre el C1 de inglés y las amistades para toda la vida, nos encontramos así como quien no quiere la cosa con algo llamado “habilidades blandas”.

Las habilidades blandas es algo que se tiene y que se entrena a lo largo de toda la vida, y cuya utilidad es también constante. Pero en el momento de estudiar fuera, aparte de aprender a dominar un idioma con soltura (y no cualquier idioma, sino en nuestro caso el inglés), nuestro desarrollo de soft skills sube como la espuma.

¿Qué son las soft skills?

Antes de profundizar en el asunto habrá que explicar bien de qué estamos hablando. Llamamos “habilidades blandas” (el término en inglés también es muy popular en la Hispanosfera) a las diversas capacidades, competencias, actitudes y aptitudes de carácter social, comunicativo, organizacional y emocional que permiten a una persona realizar una tarea o alcanzar un objetivo.

Suena a cajón de sastre, y es que lo es… Este es uno de esos casos que se entienden mejor en negativo. O sea, para entender qué son las soft skills ayuda mucho entender qué son las hard skills: las habilidades regladas, técnicas o propias de un determinado (y muy concreto) contexto. Por ejemplo, conocer un determinado lenguaje de programación es una habilidad dura.

No existe una lista cerrada de soft skills, pero más o menos hay acuerdo en señalar como tales diversas habilidades sociales (como el respeto), comunicativas (como hablar en público), organizacionales (el liderazgo) y emocionales (la empatía). Es decir, todas esas habilidades “generales” (no especializadas) y nos sirven para muuuchas cosas…

¿Por qué las ganas (y por qué te conviene hacerlo)?

Este tipo de habilidades se van perfeccionando en el día a día a lo largo de toda la vida. ¿Por qué decimos entonces que se fortalecen especialmente al estudiar en el extranjero? Porque esta experiencia concreta es algo así como un curso intensivo de soft skills, porque es un cúmulo de vivencias novedosas en un periodo relativamente corto.

Esto es así por dos razones: por un lado, para casi cualquier estudiante de secundaria es la primera vez que afronta el hecho de pasar un tiempo fuera de casa con responsabilidades (los estudios y los aspectos prácticos de la vida); y por otro, porque se produce en otro idioma, lo que obliga al estudiante a ampliar miras y dar lo mejor de sí.

En cuanto a la conveniencia, se suele resaltar la perspectiva del mercado laboral (que es la primera en la que piensan los padres). En ese sentido no cabe duda: las personas con habilidades blandas sólidas tienen un mejor futuro laboral. Y si tienen experiencia como estudiantes internacionales, más todavía.

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El top 5 de soft skills del estudiante internacional

Si tuviéramos que señalar las habilidades blandas que más y mejor se entrenan al ir a estudiar en el extranjero, creemos que serían estas cinco:

  1. Habilidades lingüísticas. Lógicamente. Nada como una buena temporada de inmersión lingüística plena para desarrollar fortalezas en comprensión y expresión orales y escritas, pero también una actitud abierta a los idiomas en general.
  2. Consciencia intercultural. Por la misma razón, una exposición prolongada a un contexto cultural ajeno nos ayuda a darnos cuenta de las diferencias (y semejanzas) del hecho cultural, y sobre todo de que es posible vivir con ellas.
  3. Resiliencia. En un sentido amplio, vivir una experiencia de independencia durante la adolescencia ayuda entre otras cosas a “forjar el carácter” y generar los recursos para encarar y sobreponerse a las dificultades que puedan surgir.
  4. Adaptabilidad. Ser flexibles ante una realidad en constante cambio nos evita muchos problemas cognitivos, conductuales y emocionales. La virtud está en saber encontrar las herramientas y recursos que hacen falta en cada situación.
  5. Resolución de problemas. La capacidad de afrontar un problema de manera proactiva, analizarlo de forma crítica y saber buscar las herramientas adecuadas para superarlo se emplea constantemente cuando estamos fuera de la zona de confort.

Una formación vital de valor incalculable

La lista podría englobar muchas más habilidades, hasta hacerse interminable: empatía, pensamiento multidisciplinar, autogestión, madurez, creatividad y un largo etcétera. Pero si hay que resaltar una, sería lo que los anglosajones llaman learnability, o sea, capacidad de aprendizaje. En el mundo actual no es tan importante saber como saber aprender.

Y sí, esto es algo que atrae muchísimo a los empleadores del siglo XXI, pero es una habilidad que, como el resto de soft skills, va mucho más allá del ámbito profesional y nos sirve para muchas otras cosas (y mucho más importantes) a lo largo de toda la vida: a pensar, tomar decisiones y relacionarnos de una manera equilibrada, constructiva y sana.

Desde esa perspectiva, estudiar secundaria en el extranjero (sea un curso académico en USA o en otro país anglófono, sea completo o una formación más corta) va más allá de las notas y el idioma. La adolescencia es un momento clave para este tipo de aprendizaje y entrenamiento, así que no te lo pienses más…

 

Por el inglés, por los estudios y por ser mejor persona

No solemos enterarnos de todo lo que nos brinda el hecho de estudiar en el extranjero hasta que lo hemos vivido. Si tú ya te has dado cuenta, ¡es el momento de ponerte en serio a planear tu aventura personal!