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Siete cosas que dice alguna vez todo estudiante en el extranjero

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Si eres de los que intentas escapar a los tópicos, nadar contracorriente, celebrar tu diversidad… Te felicitamos, pero en este caso no te esfuerces; porque si eres, has sido o vas a ser un estudiante en el extranjero fijo que dices, has dicho o vas a decir alguna vez estas siete cosas. No alguna de ellas, no. Todas.

Oye, que no es algo para avergonzarse, al contrario; en cierta manera son como las palabras mágicas del estudiante viajero que opta por realizar una parte de sus estudios en el extranjero, sea una estancia corta de verano o todo un curso escolar. Tómatelo como un ritual de paso.

¿Que no te lo crees? Pues venga, sigue leyendo y sé sincero contigo mismo, que no te ve nadie… ¡De los autores de 7 excusas de nuestros hijos cuando van a estudiar al extranjero!

“Hum… Creo que me he perdido”

Qué raro, hubieses jurado que aquella calle que giraba a la derecha era un atajo… ¿o sería la de la izquierda? Pero eso fue hace una hora, y ya no lo tienes tan claro: ¿se puede saber quién ha puesto aquí este río? Y no hay ninguna señal del nombre de la calle por ninguna parte… Y estás sin batería, vaya, qué cosas…

Como la negación antes de la aceptación, esta frase a veces va precedida por lo de: “este plano turístico está mal”. Una vez lo asumamos, te proponemos una alternativa mejor incluso que encomendarte a san Google Maps: pregunta a un local. ¿No viniste a practicar inglés?

“¡Venga, decid patata!”

Si crees que nunca te vas a cansar de hacerte fotos con tus amigos… estás en lo cierto, no te cansarás nunca. Y tiene sentido: el monumento o paisaje (o la puerta del retrete, o el escaparate navideño) de turno que salga detrás siempre será distinto, pero por impresionante que sea los amigos son siempre los mismos, ¿pillas la metáfora?

Además, resulta que aquí no dicen “patata”, dicen “cheese”, y lo de la patata les hace mucha gracia a tus nuevos amigos coreanos, alemanes y mexicanos (que dicen “whiskey”); un buen ejemplo de que en una estancia el aprendizaje está por todos lados.

“Qué comida más rara… ¡Tengo que probarla!”

No has visto nada igual ni en los más locos documentales de Bizarre Foods. Lo que hay en ese puestecito de comida callejera tiene una pinta indescifrable (casi que mejor), pero huele bien y tiene un nombre gracioso… Hala, ¡a probar!

Un consejo: si quieres que este tópico vaya seguido de un “mmm, pues esta mejor de lo que esperaba”, mejor no te esperes demasiado (es más fácil superar las expectativas bajas que altas) Y otro consejo: si tienes alguna alergia alimentaria severa, pregunta bien, o mejor, pide ver las etiquetas, no la liemos.

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“No he entendido ni una palabra de lo que ha dicho”

Puede que te ocurra esperando el autobús, en la cola del supermercado o cuando el abuelo de tu host family te cuenta otra batallita. Y se te queda cara de… no sabes si asentir sonriendo, sonreír asintiendo o todo lo contrario. O confesar que no te has enterado.

Y tú que pensabas que tu nivel de inglés era bueno y que estabas mejorando… Pues seguro que sí, pero estas cosas pasan, sea por el acento, por la velocidad del habla o, sobre todo, porque tu interlocutor acaba de usar una expresión que no habías oído en tu vida. Nada, sé humilde, pide que te lo expliquen y otra cosa que te llevas en la maleta.

“Todo esto no tiene sentido”

A veces te levantas, miras a tu alrededor y todo te parece extraño. Extraño y… ajeno, muy ajeno. Y los pequeños detalles cotidianos de la cultura de acogida (horarios, señales de tráfico, ese queso incomprensible), que al principio te parecieron curiosos o adorables, hoy los odias con todas tus fuerzas. ¿Qué me pasa, doctor?

Nada grave, es normal; es una de las fases del intercambio cultural. Concretamente, la más peliaguda, la del desencanto. Estos sentimientos de rechazo hacia la cultura de acogida son una reacción lógica influida por el esfuerzo sostenido y puntuales ramalazos de nostalgia (eso que llaman shock cultural). Con suerte, rematarás la frase con un “…pero me encanta”.

“¿Ya han pasado tres/seis/nueve meses?”

Sí, parece que solo han sido un par de semanas, pero tu trimestre/semestre/curso académico en el extranjero se está acabando. Que se te haya hecho corto es buena señal, muy buena. Eso es que te has divertido, has aprendido, y que el balance es positivo.

Y, sobre todo, has crecido. Y no hablamos de que hayas dado el estirón, ¿te acuerdas de que antes de venir la estancia de estudios en el extranjero te asustaba un poco? Tus competencias organizativas, emocionales y sociales (por no hablar de las comunicativas) han crecido contigo. Ahora no hay quien te pare.

“¿Dónde hago la próxima estancia?”

Y ahora, ¿qué? Una pregunta frecuente después de bajar del avión, abrazar a los seres queridos, deshacer la maleta y despertarnos en nuestra cama de siempre. Y no es un ahora qué de esos de “ahora dónde vamos a tomar algo”, no. Es un ahora qué a otra escala…

Porque (aquí viene una advertencia), esto de estudiar viajando y viajar estudiando es adictivo. Tal vez la mejor adicción posible, pero lo es. Es muy probable que en nada te veas fantaseando con una nueva estancia de estudios en el extranjero. ¿Dónde será esta vez? ¿Canadá? ¿Irlanda? ¿Andorra?

Aprovecha mientras paguen tus padres

Realizar parte de los estudios de secundaria en otro idioma ya no es una excentricidad reservada a unos pocos: es la verdadera nueva normalidad. Y tienes mucho que ganar… ¿O te lo vas a perder?